Dream or dreamer?

La playa; uno de esos lugares en donde la imaginación vuela, se libera y el tiempo se va tan rápido como arena entre los dedos.
Adoraba como los rayos del sol causaban un leve ardor en todo mi pálido rostro, la brisa quemando cada centímetro de mi piel color nieve y alborotando cada uno de mis rizos haciéndolos bailar al ritmo del viento abrasador. 

Un ambiente perfecto, eterno... celestial.

Volteé la mirada al sentir un suave toque sobre mi hombro; era él, con la sonrisa de niño inocente a la que me tenía muy acostumbrada y sus ojos color miel chocaron de repente con los míos provocando una descarga eléctrica entre nuestra diminuta distancia. 

-¿Qué haces hermosa? –Preguntó jugando con un rizo que caía graciosamente sobre mi frente- Hace mucho frío acá, vamos… entremos a la casa.

-¿Nunca has tenido la necesidad de estar solo? –él me miró de manera confusa y noté un poco de perturbación en el brillo de sus preciosos ojos- de verdad… ¿nunca has tenido esa necesidad? –fijé mi mirada hacia el horizonte y no dije nada más.

Al instante sentí un tierno y delicado beso posado en mi mejilla, sonreí de lado al contacto de sus labios con mi piel. A continuación, sus fuertes brazos rodearon mi cuerpo, dándome una sensación de protección combinada con calidez; eterna y exquisita calidez.

Silencio...

Un largo y desesperante silencio. Porque habían momentos en el que las palabras y las caricias sobraban, esos momentos en el que solo el ruido del golpe de las olas contra las grandes rocas y la brisa que nos acariciaba, eran los únicos testigos de lo que se andaba desarrollando en aquella playa… nuestra playa.

-Pídeme lo que quieras pequeña… -dijo acabando con el silencio- pero nunca, escúchame bien… nunca… pidas que te deje sola. Porque así me alejes de ti, así me llegues a odiar algún día, así trates de desaparecer de mi vida, nunca… dejaré de estar aquí, nunca te dejaré sola y siempre estaré en esta playa… sentado en este pedacito de arena.

Volteé y aún sin decir nada acaricié su tercia piel color canela, acaricié sus labios de cereza y posé un tierno beso sobre ellos. Pude sentir la sonrisa de él al morderle el labio inferior… y un estremecimiento se apoderó de los dos.
Nos separamos, pero él seguía envolviéndome entre sus brazos y volví a mirar hacia el horizonte, sonreía como una niñita boba y cerré los ojos en un gesto de satisfacción.

¿Y saben por qué?

Porque sabía que todo era un sueño, porque sabía que en cualquier momento el despertador iba a sonar... y porque sé que los sueños pueden hacerse realidad.


#SayNoMore



1 comentario:

  1. QUE LINDOOOOOOOOOO, gracias por pasarlo enserio, super lindo. <3

    ResponderEliminar