Pasiones de un recuerdo.



"Nada mejor que un cielo cubierto por una eterna oscuridad de medianoche, una intensa luna y resplandecientes estrellas adornándola por donde se le vea. 
Es lo que recuerdo de aquella fría noche de otoño, donde comenzó todo: el cambio de mi vida y un sentimiento que jamás pensé cobijar en mi corazón. La vida es irónica, llena de emociones, obstáculos, sorpresas; pero siempre te tiene un objetivo, uno por el que pasas momentos duros y por lo que en algún momento tienes que luchar para poder conseguirlo.

Recuerdo claramente lo que traía puesto, un vestido corto de seda palo rosa, chaqueta de cuero negro y un par de botas de taco alto del mismo color. Tenía una chalina que cubría mi cuello y un poco de mis hombros, era grande y de color rosa intenso, la había echo mi padre, él siempre decía que el rosa me sentaba bien. Yo jamás le creí, la verdadera razón era que mi madre siempre traía ese color encima, ya sea en un saco, en un diminuto pañuelo o hasta en un par de aretes. Estaba segura que a él le gustaba que use ese color en todo momento porque le recordaba a ella, todavía estaba dolido.
Mi madre era una mujer muy independiente, tanto, que en cuanto crecí y se sintió encarcelada en nuestra casa, huyó. Ella dijo que se iba a otro lugar para ganar una mayor cantidad de dinero, pero esa fue solo una excusa para zafarse de nosotros y vivir su vida.
Era muy parecida a ella, había heredado sus rizos castaños y el color azul de sus ojos, el querer ser independiente y como algo extra, un cierto vicio por el cigarro.

Recuerdo que, sentada en una banca, miraba extasiada el cielo tal vez averiguando si ahí sentiría la paz absoluta, esperando con ansias tratar de sentirla en mi vida terrenal..."





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