¿Perfecto? ¡LAS PELOTAS!

El que es perfecto... que tire la primera piedra. (Para después golpearlo con ella.)

Siempre he dicho que alguien para ser perfecto... tendría que ser Dios. 
Pero no nunca faltan los tontos que tratan de llegar a ello, son tan ingenuos... que son hasta capaces de recriminar a otros.
Como sea, el hecho de querer llegar a la perfección no siempre es malo. Al fin y al cabo te ayuda a poder superarte a ti mismo y sentirte mejor, pero hay otra clase de "perfeccionistas".
¡Aaaay que me hinchan las que no tengo!

Para ser más exacta en esto, he sido discriminada por alguien. ¡SÍ! He sido víctima de eso.

¿La verdad? No me afectó... pero si me llenó de cólera el saber que hay gente así existiendo en el mundo.
Me dijeron: "No encajas acá, eres... rara." 

Sí, rara.

Pues déjenme decirles una cosa, estoy contenta con mi rareza. Prefiero 100mil veces ser rara a que ser una persona pedante, jodidamente perfeccionista y para variar... discriminadora.
Es bajo y anti-ético. 

No es mi estilo serlo, porque mi mejor estilo es... no tener estilo.
Acaso, ¿no pudieron utilizar el adjetivo "diferente"?

Aunque siempre diga que me importa un reverendo pepino lo que diga la gente, eso no quiere decir que tienen el derecho de ofender y hacerme sentir inferior.
Porque simplemente no lo soy... no soy ni inferior ni superior a nadie.

Lean bien a los que me siguen, porque no lo mencionaré otra vez...

¡NO SOY PERFECTA! y nunca lo seré... ni querré serlo.

Pasiones de un recuerdo.



"Nada mejor que un cielo cubierto por una eterna oscuridad de medianoche, una intensa luna y resplandecientes estrellas adornándola por donde se le vea. 
Es lo que recuerdo de aquella fría noche de otoño, donde comenzó todo: el cambio de mi vida y un sentimiento que jamás pensé cobijar en mi corazón. La vida es irónica, llena de emociones, obstáculos, sorpresas; pero siempre te tiene un objetivo, uno por el que pasas momentos duros y por lo que en algún momento tienes que luchar para poder conseguirlo.

Recuerdo claramente lo que traía puesto, un vestido corto de seda palo rosa, chaqueta de cuero negro y un par de botas de taco alto del mismo color. Tenía una chalina que cubría mi cuello y un poco de mis hombros, era grande y de color rosa intenso, la había echo mi padre, él siempre decía que el rosa me sentaba bien. Yo jamás le creí, la verdadera razón era que mi madre siempre traía ese color encima, ya sea en un saco, en un diminuto pañuelo o hasta en un par de aretes. Estaba segura que a él le gustaba que use ese color en todo momento porque le recordaba a ella, todavía estaba dolido.
Mi madre era una mujer muy independiente, tanto, que en cuanto crecí y se sintió encarcelada en nuestra casa, huyó. Ella dijo que se iba a otro lugar para ganar una mayor cantidad de dinero, pero esa fue solo una excusa para zafarse de nosotros y vivir su vida.
Era muy parecida a ella, había heredado sus rizos castaños y el color azul de sus ojos, el querer ser independiente y como algo extra, un cierto vicio por el cigarro.

Recuerdo que, sentada en una banca, miraba extasiada el cielo tal vez averiguando si ahí sentiría la paz absoluta, esperando con ansias tratar de sentirla en mi vida terrenal..."





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